| Ínsula de ínsulas
Cuando Víctor García de la Concha y Carlos Álvarez-Ude me propusieron coordinar un número especial dedicado a la literatura gallega acepté sin dudar la ilusionante empresa. No era la primera vez que esta su Ínsula acogía en sus páginas estas otras islas de Galicia y de la literatura gallega. En efecto, además de la presencia más o menos cotidiana del mundo galaico entre las letras y las ciencias humanas que ocupan la revista, Galicia tuvo en ella protagonismo excepcional con números especiales como los dedicados a Ramón del Valle-Inclán (núm. 531), a Camilo José Cela (núm. 518-519), a Álvaro Cunqueiro (núm. 536) o a José Ángel Valente (núm. 570-571), por ejemplo, y la literatura en lengua gallega contó con dos publicaciones monográficas, ya emblemáticas: el histórico número 152-153, correspondiente a julio-agosto de 1959, y el reciente 629, correspondiente a mayo de 1999. Así, las letras gallegas contaron y cuentan con dos testimonios históricos activos de excepción en dos momentos clave de su existencia durante el siglo xx: el arranque recuperador centrado en Galicia y abierto a Europa protagonizado por la impronta del grupo Galaxia —también coordinador del número— en el contexto oscuro del cerrado centralismo de la dictadura franquista, y la consolidación diversificadora abierta al mundo de los «Veinticinco años de letras gallegas» del posfranquismo y del final de siglo en el número coordinado desde la Universidad de Santiago por Anxo Tarrío Varela que, con optimismo, parece darle fin al suplicio del volver a empezar cada día de Sísifo colocando la literatura gallega definitivamente en la terraza.
Situándonos ahora en el rastro de la estela trazada, este nuevo monográfico parte del panorama constatado en 1999 y quiere abrir nuevos caminos necesarios como en 1959. Y así nace, retomando a Maside y retomando a Seoane —ilustradores de las anteriores portadas—, bajo el signo de la vida, con instantáneas de Galicia y con el lema de «Galicia viva: líneas abiertas».
Galicia viva
«Galicia viva» porque la literatura gallega está viva y porque queremos que siga estándolo. Y porque sabemos que para que las suyas no sean letras muertas en todos sus múltiples sentidos es preciso recomenzar la tarea de hacerlas vivir cada día con todos los sentidos, como cada día la tarea de vivir es recomenzada. Por eso volvimos en nuestro proyecto a muchos de nuestros principios y a varios de nuestros fundamentos y por eso acudimos a algunos y algunas que se bañan siempre en el mismo río del galleguismo, del arte o de la vida, aunque sus aguas nunca sean las mismas.
Líneas abiertas
Y «líneas abiertas» porque apertura es lo que no puede faltar nunca si se quiere que algo viva. Si se quiere ver hay que abrir los ojos, o cerrarlos y abrir la mente. Si se quiere tocar hay que abrir las manos y mirarlas bien abiertas con los ojos bien abiertos y ver sus líneas infinitas. Porque en la mano, como en el bosque espeso de nuestra literatura, son infinitas las veredas que se bifurcan y yo quisiera que esta Ínsula fuera como el arte fotográfico de José Suárez y no violentase la vida que encuentra a su lado, y que su máquina, como decía García-Sabell de la del mismo maestro fotógrafo, no robase nada y sí añadiese, alumbrase y abriese el mundo, como las líneas de sus cestos marineros se abren al infinito en estas páginas junto a la radicalidad de la vanguardia. Y así quise abrir unas veredas que por sí estaban ya bien abiertas, unas de las muchas abiertas ya y que abren, nunca cierran. De esta manera fueron trazadas trece líneas que sabíamos de seguro y profundo surco en nuestra escritura, aunque en la mayoría de los casos, como es lógico, no sólo en nuestra escritura: el tema de Galicia, el imaginario celta, las pervivencias clásicas, la inspiración medieval, el legado ilustrado —de actualidad con Sarmiento como homenajeado en el Día de las Letras Gallegas de este año—, las rupturas vanguardistas, la trascendencia de los exilios, la memoria de las mujeres, la impronta de los paisajes y lugares, la acometida de los intimismos, las voces y los ecos de la cultura popular, las revoluciones de los erotismos y los sentidos de los paratextos. Su delineación fue encargada a trece personas que con su colaboración desinteresada hicieron posible esta «Galicia viva» en la que eran y son protagonistas. Ellas aceptaron mi propuesta inicial o, en algún caso, me ofrecieron otra particular propuesta alternativa. Los deseos eran inmensos, como las riquezas ocultas en las múltiples ramificaciones de las líneas proyectadas, y las realidades limitadas del espacio y otras contingencias humanas les fueron dando el perfil definitivo que entregamos a la lectura, sabiendo que esta ínsula no es en absoluto una obra totalmente acabada, pero confiando en que lleve en sí la semilla del archipiélago total. Desde nuestro lugar abierto a las miradas que se nos entregan, agradecemos la diversidad de las lecturas radiales que componen la rueda de una «Galicia viva» en la que queríamos que se dijesen varias cosas a la vez para decir algo nuevo, lo que no se suele escuchar y lo que aún parece imposible.
El cosmos de la vida y las líneas de la mano
«Galicia viva: líneas abiertas» es una como la vida que la presenta pero, apelando al sentido de la profundidad de la lectura, confiamos en que apunte al todo que quiere acoger. Queda así tendida como se tiende una mano. El mérito es de las caligrafías que precisan sus líneas.
Imágenes de Galicia
Las instantáneas fotográficas que la ilustran no son en ningún sentido un adorno. Son un homenaje al arte de la fotografía y a la profundidad de la vida que guarda siempre el arte que lo es: en la fotografía como en la literatura. Sus imágenes ilustran las palabras pero también dicen mucho de lo que las palabras no dicen o no pueden decir. Ellas trazan otras líneas y apuntan a otros puntos que están y no están en las palabras: el microcosmos y el macrocosmos, el sentido de lo maravilloso, la suma perfección de las formas que son el contenido, la ruda dureza de la descalza vía atlántica, la pervivencia del entramado más tejido, las bases pétreas de la vida animal y vegetal, la sabiduría de los menesterosos, la necesidad no sólo de salir sino de estar fuera de casa, el dolor de la expulsión y la partida, las ocultaciones de las más duras tareas, el profundo y oscuro discurrir a contraluz, la poesía de lo más frágil y delicado, la sabia belleza de lo viejo frente a la ignorante fealdad de lo anticuado, las convulsiones de la verdad desnuda y lo marginal llegando al centro del sentido.
Siempre más
«Galicia viva: líneas abiertas». Para que nuestras letras y nuestras artes vivan y se abran. Siempre más.
C. B.—UNIVERSIDADE DE SANTIAGO DE COMPOSTELA (COORDINADORA) 
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