| Pedro Garfias era en 1918 un joven con vocación de escritor. En las páginas de La Opinión (de Cabra) y La Semana (de Osuna), desde mayo de 1916 y durante dicho año y el siguiente —sus dos primeros como poeta—, había publicado 8 textos (5 en la ciudad cordobesa, «Versos castellanos», «Pasaron los años», «¿Lola?», «Vespertina», «La alegría de vivir»; 3 en la sevillana, «Nostalgia», «Al toque de oración», «A Lulú»). En todos ellos podía comprobarse el modernismo crepuscular, sustrato de la renovación poética (1). Los temas de estas colaboraciones son lugar común en ese momento: los ‘ayes' del cantor finisecular, la ‘hermana' o ‘virgen', el ‘nevermore', la hetaira redimida... Sin embargo, los nuevos aires poéticos —Moreno Villa, Domenchina, Espina, Bacarisse, etc., más los primeros «ismos» europeos—, y el contacto con el grupo madrileño tutelado por Cansinos en el café Colonial, provocarán en el joven poeta un cambio de rumbo hacia la depuración literaria. Es significativo el tránsito lírico en Garfias, desde las «Armonías espirituales», del invierno de 1918, a los «Soliloquios», del verano de dicho año: el alma busca saciar —en el poema de febrero— su anhelo de purezas, y suavidades únicas, y más tarde —en septiembre— ese afán queda resuelto en corazón que salta en el pecho, como un pájaro ansioso de volar —metagogia y símil innovador—. Esta imagen se convertirá —después— en tema recurrente: «Un poema / en el que las palabras / sepan / entrelazarse caprichosamente / como los locos pies de una bailarina / y en el que las imágenes / sean / como estrellas... / Un poema que ha de escapar volando de mi pecho» (2).
El afán por la ‘pureza' —reducción del sentimentalismo finisecular y de la anécdota— que supuso el Ultra fue anunciado también por Cansinos:
«En otoño de 1918, nuestros poetas jóvenes, a semejanza de la estación quisieron sacudir sus hojas secas. Acaso mi voz, recogida por Xavier Bóveda en los tambores periodísticos, asumiese en esta purificación lírica el sentido de un hálito dispensador. Sobre los divanes que retenían el último césped, bajo los focos de luz —últimos frutos suspendidos entre mis manos temblorosas— esta llama alargada: Ultra» (3).
Según Carlos Salvador Martín, en el artículo dedicado al barroquismo de Mauricio Bacarisse, publicado en La Correspondencia de España, el 19 de enero del dicho año —1918—, y recogido más tarde en el tomo III de La Nueva Literatura, Cansinos utiliza —por primera vez— el término ultraísmo:
«En el nombre de Mauricio Bacarisse hallan, al fin, su vinculación oportuna esas libres tendencias titánicas que, con los nombres de barroquismo, ultraísmo y futurismo, han ido escalando sordamente, desde 1907, el parnaso de belleza erigido por el romanticismo exaltado de los modernistas» (4).
La llegada al Colonial
Cansinos, en sus memorias, recuerda la llegada de Garfias al Colonial y su interés por publicar sus primeros trabajos (5). El joven poeta de diecisiete años, «cara indostática, de joven fakir meditativo y soñador, sobre cuya frente el negro cabello se alborotaba en surtidores», como lo definiera en otro lugar Cansinos (6), se instala en Madrid en el 4.º piso del número 5 de la calle Humilladero. Según consta en su expediente académico, desde octubre de 1916 hasta abril de 1918, Garfias estudia en Sevilla. Con fecha 9 de abril de 1918, el rector de la Universidad Hispalense remite al de Madrid las adjuntas certificaciones académicas oficiales correspondientes. Y el 30 de abril de ese año se matricula en las dos asignaturas pendientes del curso preparatorio (Lengua y Literatura Españolas, Historia de España), superándolas en la convocatoria de junio (notable, aprobado, respectivamente) (7). Sin embargo, durante el curso 1918-1919 no se matricularía en ninguna asignatura: son los momentos de arranque y fervor de Ultra, y Garfias está dedicado por completo a la literatura, tal como se comprueba por las cartas ahora editadas. El mismo poeta hará referencia a esa primera etapa poética, en una entrevista desde el exilio:
- «Cuando yo caigo en Madrid, estábamos hartos de esa cosa rubeniana. No de Rubén Darío, que como él no ha habido otro, sino de los seguidores que lo imitaban. Entonces publicamos, en todos los periódicos, nuestro manifiesto ultraísta contra las princesas, es decir, contra la pompa decorativa del modernismo» (8).
El «pentecostés» ultraísta
En uno de sus primeros textos de prosa, Pedro Garfias ya destacó el papel predominante de Cansinos en el «pentecostés» ultraísta:
«Cansinos-Asséns, el dulce y tierno apóstol, indicó un día sus deseos de una renovación que desterrase los tópicos novecentistas. No señaló ningún camino, porque no era una escuela lo que quería fundar; no trazó ruta alguna; pero sí escribió sobre el horizonte lejano, una palabra: ULTRA. Y nosotros la recogimos y la pusimos sobre nuestras frentes. He aquí todo» (9).
Concebido como respuesta a la crítica de Germán Gómez de la Mata: «Lo nuevo y lo bueno» (10), Garfias retrata la figura de su ‘Maestro':
«También el Sr. Gómez de la Mata niega que Cansinos-Asséns haya inventado nada. No diré yo tanto; además, no gusto de los inventos en arte; queden las fórmulas para la química. Pero sí le haré notar que Cansinos-Asséns es uno de los escritores de estilo más personal que conozco. Sus imágenes, como sus temas —los hombres maduros, las viudas, la dulce y casta hermana, etc.—, son algo nuevo en nuestra literatura; El Candelabro de los Siete Brazos, ha introducido un ritmo más largo y apasionado en nuestra literatura, ha renovado la pureza lírica, nos ha traído el salmo y ha dejado una honda huella en la juventud. Hoy, el escritor más amado por nosotros, los jóvenes, el más amado y respetado, es este maravilloso Maestro, tan bondadoso y tan sabio y tan artista, que a todos puede darnos lecciones de fervor» (11).
Cuando ya se celebre la velada ultraísta en el Ateneo Hispalense (2 de mayo de 1919), será el ‘Maestro' quien presida —desde la distancia—, según Garfias, «la fiesta con un rayo de sol en los ojos» (12).
Grecia
A pesar de su residencia en Madrid, el escritor salmantino-andaluz se vincula al «Ultra de Sevilla», a través de su órgano de expresión, la revista Grecia. Pedro Luis de Gálvez, a propósito de un artículo en defensa de Amado Nervo, lo incluye como miembro de «toda esa juventud sevillana» en torno a la nueva tendencia (13). Y es el mismo Gálvez quien —en las «Cuartillas leídas» en la Fiesta del Ultra un mes antes— caracteriza a los integrantes de Ultra como aquellos «hombres humildes que convivieron con Jesús», y se detiene también en Garfias, en plena compenetración con Cansinos:
«Garfias, descansa la cabeza en el pecho del Maestro, y sus dieciocho años dijéranse diez y ocho versos que dialogan con el corazón encendido y abierto por el Amor antes que por el hierro de la lanza» (14).
Por otro lado, Adrianvs (Adriano del Valle), en la recensión del acto para la revista de Isaac del Vando, también fija su mirada en Garfias:
«El joven y admirable Poeta Garfias, uno de los más fervorosos discípulos de Rafael Cansinos-Assens, recitó magistralmente un bello poema del precursor del Ultra, Guillermo Apollinaire; otro, no menos bello, de Cansinos, el admirable alfarero de juventudes; unas poesías de Adriano del Valle y, finalmente, unos poemas del propio Garfias, enormemente líricos y emotivos, que fueron calurosamente elogiados (...). Cerró el ciclo lírico Pedro Garfias con unas emocionadas palabras de salutación al Apóstol del Ultra y a los discípulos ausentes, que fueron coronadas por una nutridísima salva de aplausos» (15).
Distanciamiento
Pasados los años, en la serie «La voz de otros días» de Garfias, dada a la luz en Heraldo de Madrid, vuelve el nombre de Cansinos, pero ahora resuenan otros tonos, otra significación:
«Rafael Cansinos-Asséns, escritor viejo y amanerado, pero con cierto poder de seducción sobre los jóvenes de provincia, a quienes llegaban sus salmos en ondas concéntricas y les seducían con su lirismo decadente, consiguió reunir en torno suyo un reducido grupo de éstos. Ya por entonces la arrolladora personalidad de Ramón Gómez de la Serna comenzaba a invadirlo todo. Cansinos-Asséns, que no acababa de encontrar su sitio, pensó en formar un haz de espíritus nuevos que enarbolar como arma de combate. Más tarde, cuando las aguas volvieron a su cauce y el movimiento ultraísta, por lógica afinidad, fue desplazándose hacia Pombo, el despecho hizo escribir a Cansinos su libro, cínicamente desgraciado, El movimiento V. P.» (16).
Sorprende que en dicha serie retrospectiva sobre el Ultraísmo, con siete artículos, sólo sea este texto (anterior párrafo) el único —y con sentido negativo— que Garfias dedique a Cansinos; máxime después de analizar las cartas (inéditas casi en su totalidad) de ‘fervor' del ‘discípulo' al ‘Maestro' ahora publicadas. Las causas del distanciamiento son complejas y no sólo tendrían que ver con la edición de El movimiento V. P. (1921) y los retratos —en clave— allí ofrecidos, la «arrolladora personalidad de Ramón», motivos personales entre Garfias y Cansinos, o los desdoblamientos de escrituras (Cansinos-Juan Las) (17). Los motivos de ese malentendu apuntan: primero —y muy puntual—, a la recensión de El ala del Sur (1926), en La Libertad, por parte de quien había sido su mentor literario; segundo —y quizá más amplio y general—, a la actitud del crítico sevillano ante los escritores ultraístas y ante los nuevos aires clasicistas —joven literatura— que alcanzan hasta Garfias (palpables en Horizonte). Para Cansinos, el libro de 1926 de Garfias se halla situado en el punto de enlace de dos perspectivas temporales. «Nuestros poetas —dirá el crítico sevillano— no cuadraban ya su horizonte, y la vieja poesía se les introducía por los puntos baldíos» (18). Desde la inspiración meridional —«desbordamientos líricos en que es frecuente el primaveral hosanna y el conjuro solar»— y las pausas meditativas hasta la técnica que observa en Garfias, el responsable de La Nueva Literatura recorre lo afirmativo y negativo de las distintas secciones de esta opera prima y summa de todas las etapas literarias de su autor. Quizá sea el final de la reseña de Cansinos lo más revelador para entender —después— las palabras incluidas por Garfias en el Heraldo:
- «Lo que en ellas hay de lección nueva está recogido en las partes tituladas El ala del Sur, Acordes y Ritmos cóncavos (...). Más allá, la pauta musical se hace más fácil, hasta caer a veces en lo trivial y consabido (los Motivos del mar son repudiables con su ritmo de barcarola). Se inicia ya el retorno hacia los viejos modos más claros, hacia los ritmos que pudiéramos llamar convexos. En las primeras partes del libro, donde está su modernidad, se nos aparece Pedro Garfias como un poeta que ha leído los versos de Huidobro —cuya falta de puntuación acepta—, y sobre su pauta lírica ensaya y obtiene melodías personales, instrumentando motivos tan suyos como la imagen mórbida, triunfa en él una tendencia simbolista, muy propia del perfil meditativo de su espíritu (...). En la última parte del libro, Pedro Garfias es un evadido del ultraísmo» (19).
Respecto al movimiento ultraísta, Cansinos ofrece varias ‘retrospectivas' —y muy significativas— desde 1925. En el artículo dedicado a Los luminares de Mir Massana, afirma:
«En 1919, como antes en 1900, la poesía española ha sentido el apremio de renovarse, y hemos podido ver surgir un nuevo modernismo, que esta vez no ha tenido, como en la anterior, un fondo nacional ideológico en que apoyarse, habiendo tenido que tomarlo de fuera (...): las nuevas formas líricas obtenidas en el laboratorio francés» (20).
En algunas críticas de estos años —1925 y siguientes— Cansinos reconoce en el ultraísmo —como bien recoge Carlos Salvador Martín— una imitación del creacionismo de Huidobro y constata su fracaso. Tras los poetas de 1919, vendrán —para Cansinos— los «poetas de 1921»:
«Proceden, en su mayoría, de la Universidad; tienen la disciplina de los estudios serios, están llenos de saber y de sentido crítico, son francamente intelectuales. Aspiran a hacer un arte frío, conceptuoso, claro, dicen; pero de una vana y ciega claridad de cristales, que son, en el fondo, una cárcel. Y al mismo tiempo aspiran a ser humanos, y en nombre de esa humanización rechazan la poesía pura. Se trata, en suma, de una reacción» (21).
El final del ultraísmo
Es el final del ultraísmo. Atrás quedaban la «audacia innovadora», la «sugestión de cosas inesperadas» y sonaban los cantos gongoristas del núcleo central del 27:
«En 1921 ya aquel autobús descarriado buscaba rutas conocidas y se orientaba hacia los garajes (más bien cocherones) de la tradición. En vez de sus alegres banderolas multicolores arbolaba viejas insignias nacionales, y trataba de disfrazar su condición de tanque guerrero, licenciado por el armisticio, para asemejarse a una venerable carroza del tiempo de los Austrias. Había montado la sombra de Góngora, convirtiéndolo en un mitológico carro de Apolo» (22).
El fracaso de Ultra alcanza también a Garfias, en ese momento de «reconducción» de la poesía española, aunque el mismo Garfias será quien critique, en 1933, a toda la «cohorte de literatos puros y de poetas virginales que encienden una vela a la República y otra a la Compañía de Jesús» (23).
Con todo, todavía, en 1929, desde La Gaceta Literaria, el autor de Ética y estética de los sexos tomaba posición respecto al Ultra y recordaba a nuestro poeta (faltaban cinco años para las duras palabras de Garfias en el Heraldo), al hilo de las preguntas de Arconada sobre los jóvenes escritores del movimiento ultraísta:
«De los jóvenes que entonces me rodeaban tenía yo el mejor concepto, como siempre lo tuve de todo lo juvenil, en todo, y particularmente en arte. Sólo me apenaba verlos malgastar su sensibilidad y su talento en rapsodias sin interés y esforzarse por imitar fórmulas magistrales que los envejecían. Eran repetidores de aquellos poetas modernistas. Y yo creí deber apartar de esa imitación a los jóvenes, a fin de adornarles con palabra propia. (...) Aquellos jóvenes han confirmado, en parte, mis esperanzas, y en parte, las han defraudado. Algunos han seguido sinceramente y heroicamente hacia adelante, y ahora están con ustedes. Otros han vuelto a lo antiguo y otros se han eclipsado. Pero todos conservarán siempre el recuerdo de su iniciación ultraica como algo ennoblecedor. Como un sacre. Garfias ha dicho: “La época del Ultra fue la de mi mayor fervor”. Crea usted que también la mía» (24).
Y todavía, en 1947, Cansinos tiene una mención especial para Garfias, junto con Benjamín Jarnés (25). Ambos escritores —Garfias y Jarnés— habían compartido momentos de vanguardia —número final de Horizonte (26)— y viaje al exilio —travesía en el Sinaia (27):
«Julio J. Casal (...) cónsul de su país en La Coruña, publicaba allí una revista, Alfar, que abrió sus planas al arte nuevo, al lápiz de Barradas y a las plumas de Garfias y Jarnés —el Benjamín Jarnés de Paula y Paulita—, que se batía entonces en la trinchera de Atocha y que desde entonces ha avanzado tanto» (28).
J. M. B. L.—UNIVERSIDAD DE SEVILLA
(1) Cfr. José María Barrera López, «La formación poética de Pedro Garfias (temas e influencias modernistas)», Litoral, núm. 115-116-117 (1982), pp. 73-98; también, José María Barrera López, Pedro Garfias: Poesía y soledad, Sevilla, Alfar, 1991, pp. 159-161.
(2) Pedro Garfias, «A Rafael Cansinos-Assens», Grecia (Sevilla), año II, núm. 12, 1 de abril de 1919, p. 8, vv. 29-35, en José María Barrera López, El Ultraísmo de Sevilla (historia y textos), t. I, Sevilla, Alfar, 1987, p. 223. Para Grecia, vid. reedición facsímil a cargo de José María Barrera López, Málaga, Diputación Provincial, Centro Cultural de la Generación del 27, 1998, 2 vols.
(3) R. Cansinos Assens, «Para Los Poemas de los Pinos de Xavier Bóveda», Grecia (Sevilla), año II, núm. 25, 20 de agosto de 1919, p. 11, en José María Barrera López, El Ultraísmo de Sevilla (historia y textos), op. cit., t. I, pp., 156-157.
(4) Rafael Cansinos Assens, «Mauricio Bacarisse (1917)», La Nueva Literatura. III. La evolución de la poesía, Madrid, Páez, 1927, en R. Cansinos, Obra crítica, ed. de A. González Troyano, t. I, Sevilla, Diputación Provincial, 1998, p. 499, cit. por Carlos Salvador Martín, «La crítica literaria periodística de Cansinos Assens», ponencia (inédita) al Encuentro Entre el Modernismo y las Vanguardias: la obra literaria de Rafael Cansinos Assens, Sevilla, 25 de noviembre de 1998. Agradezco al autor su autorización para la consulta y cita de dicho texto. Vid., también, Carlos Salvador Martín, La crítica literaria de Rafael Cansinos Assens, tesis doctoral inédita, Universidad de Zaragoza, 1997.
(5) Vid., en este mismo número de Ínsula, la n. 1 en Pedro Garfias, «Cartas a Rafael Cansinos Assens (1918-1920)».
(6) Rafael Cansinos Assens, La Nueva Literatura. III. La evolución de la poesía, en R. Cansinos, Obra crítica, ed. cit., t. I., p. 625.
(7) Cfr. José María Barrera López, Pedro Garfias: Poesía y Soledad, op. cit., pp. 38-41.
(8) Alejandro Avilés, «Pedro Garfias, el Poeta que vive de sus versos», El Universal, México D. F., 31 de mayo de 1953, p. 1.
(9) Pedro Garfias, «Anales Literarios. El “Ultra”», Cervantes, marzo 1919, en P. Garfias, La voz de otros días (Prosa reunida), ed. de José María Barrera López, Sevilla, Renacimiento-Diputación de Sevilla, 2001.
(10) G. Gómez de la Mata, «Lo nuevo y lo bueno», La Jornada, Madrid, 9 de marzo de 1919.
(11) Pedro Garfias, «Anales Literarios. El “Ultra”», loc. cit.
(12) Pedro Garfias, «La Fiesta del “Ultra”», Cervantes, mayo 1919, p. 77, en La voz de otros días (Prosa reunida), ed. cit.
(13) Pedro Luis de Gálvez, «Amado Nervo», Grecia, núm. 18, 10 de junio de 1919, en José María Barrera López, El Ultraísmo de Sevilla..., op. cit., t. I, p. 217.
(14) Pedro Luis de Gálvez, «De la Fiesta del Ultra. Cuartillas leídas por...», Grecia, núm. 16, 20 de mayo de 1919, en José María Barrera López, ibíd., t. I, p. 215.
(15) Adrianvs, «Vida Literaria. La Fiesta del Ultra», Grecia, núm. 15, 10 de mayo de 1919, en José María Barrera López, ibíd., t. II, pp. 91-92.
(16) Pedro Garfias, «La voz de otros días. Del Ultraísmo I», Heraldo de Madrid, 29 de marzo de 1934, en José María Barrera López, ibíd., t. II, p. 235.
(17) Este último tema se ha abordado en José María Barrera López, «Un “Maestro” en vanguardia: Cansinos Assens versus Juan Las», El siglo que viene (Sevilla), núm. 22, 1994, pp. 40-43.
(18) Rafael Cansinos Assens, «El Ala del Sur. Pedro Garfias», La Libertad, 11 de marzo de 1927, incluido en La Nueva Literatura. III. La evolución de la poesía, en Obra crítica, ed. cit., p. 624.
(19) Rafael Cansinos Assens, La Nueva Literatura. III. La evolución de la poesía, en ibíd., p. 629.
(20) Publicado por Cansinos en La Libertad, el 27 de septiembre de 1925, recog. por Carlos Salvador Martín, «La crítica literaria periodística de Cansinos Assens», ponencia cit. en n. 4.
(21) R. Cansinos, «Cántico. Jorge Guillén», La Libertad, 22 de febrero de 1929, cit. por Carlos Salvador Martín, ponencia cit.
(22) Ibídem.
(23) Pedro Garfias, «La voz de otros días. Un poeta», Heraldo de Madrid, 25 de mayo de 1933, en Pedro Garfias, La voz de otros días (Prosa reunida), ed. cit. en n. 9.
(24) César M. Arconada, «Figuras en proyección: Cansinos-Assens», La Gaceta Literaria, 15 de junio de 1929, recog. como «Epílogo» en R. Cansinos, El movimiento V. P., reed. de J. M. Bonet, Madrid, Hiperión, 1978.
(25) En La novela de un literato (Hombres-Ideas-Efemérides-Anécdotas...). 3. 1923-1936, Madrid, Alianza, 1995, pp. 162-175; Rafael Cansinos se refiere también a Jarnés y Garfias. Escribe Cansinos: «Aparece también por Oriente el escritor chileno Manuel Bedoya, un hombre obeso de cara mofletuda, que publica novelas policíacas, con gran éxito.// También atraído por mi presencia, viene a la tertulia Pedro Garfias, el poeta ultraísta.// Jarnés lo acoge con displicencia, casi con descortesía, pero luego comprende que puede servirle de enlace con Pombo y se hace muy amigo de él. (...) Jarnés había triunfado. Ya no era un literato de arrabal. Y alternaba con Pedro Garfias, Eugenio Montes y los poetas catedráticos, con Dámaso Alonso y Pedro Salinas» (pp. 171-173).
(26) Pedro Garfias: «En Horizonte aparecen, por primera vez, incorporados al movimiento literario nacional, dos nombres de los que más juego han dado después a las letras: Benjamín Jarnés y Rafael Alberti. Creo que Jarnés no llegó a publicar. Su original quedó nonnato. Pero su nombre aparece impreso, como secretario de Redacción en el último número» («La voz de otros días: Horizonte», Heraldo de Madrid, 27 de julio de 1933).
(27) Sobre el diario Sinaia, vid. reprod. fac. (parcial) Ayuntamiento de Osuna, Fundación de Cultura García Blanco, s. a. [1986]. También, Sinaia. Diario de la Primera Expedición de Republicanos Españoles a México, FCE-Instituto Mexicano de Cooperación Internacional- Universidad de Alcalá, 1999; Benjamín Jarnés, «Contra la nostalgia», Sinaia, núm. 3, 28 de mayo de 1939, p. 2.
(28) Rafael Cansinos Assens, Verde y dorado en las letras americanas, Madrid, Aguilar, 1947, p. 334. 
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