| Hay escritores que se constituyen como escritores de época, que expresan una época y que, en cierto modo, quedan ellos mismos atrapados por ella. Son los escritores que portan, con mayor o menor fortuna, la sensibilidad de su tiempo, a través de los cuales se rellenan más o menos dilatadamente las tradiciones y las historias literarias, cuyas líneas axiales ocupan estos escritores vehiculares y donde, en el inicio de alguna de ellas, cabe situar a Ganivet. Tal fue, en efecto, el papel asignado a nuestro autor en las meticulosas pruebas generacionales a que fue sometido, resistiendo a la hecatombe de argumentos, escuelas y hasta de inevitables y sucesivos olvidos; y alimentando una vez más la paradoja de sobrevivirse, es decir, de hacer sobrevivir a sí mismo ciertas ideas que generaran nuevas y duraderas formas de imaginar y de pensar España por parte justamente de alguien que, muy joven, abandonó de manera voluntaria el imposible sueño de habitar una España por él definida y pretendida como trascendencia o idealidad absoluta.
En 1965, con motivo del centenario de su nacimiento, la revista Ínsula dedicaba un número extraordinario como homenaje y recuerdo a su memoria. Correspondió a los números de noviembre-diciembre y allí probablemente pasaba Ganivet su final examen generacional. Abriendo el número, el último superviviente de la generación, Azorín, publicaba unas desconcertantes líneas en las que insistía en el misterio de su muerte, en la fatalidad granadina del escritor («En la antigua Granada, todo es fatal, todo está escrito») y en el agua como elemento elegido para o por la muerte. Todo, ciertamente, encajable en la estela simbólica del extraño romanticismo que ambos cultivaron.
Treinta y tres años después, con motivo ahora del centenario de su desaparición, también ha querido Ínsula dedicar un recuerdo a este contradictorio y raro escritor, cuya singularidad proviene en mi opinión más de un personal desgarramiento (que le induce a concentrar en escasos seis años toda su obsesiva escritura como si sólo esa fuerza concentrada y relampagueante pudiese poner fin a su desavenencia existencial) que del contexto artístico o intelectual, por muy propicio que éste fuese a la experimentación literaria.
Ciertamente, durante este lapso de tiempo habían tenido lugar numerosas novedades. En concreto, y en lo concerniente al escritor hoy recordado, la aparición en el ámbito de la investigación y la crítica de nuevos planteamientos, probablemente residuales de una más amplia revisión historiográfica, que variaron la mira y el objeto de aquello realmente digno de ser valorado y de sobrevivir tras de su desaparición. Ganivet era estimado ahora como un escritor vehicular de una más generosa y dilatada matriz artística, la correspondiente al modernismo que, como se sabe, es el concepto clave y suturador de la modernidad. Merecía la pena, a pesar del cierto temor que las conmemoraciones crean al venir revestidas de ciertas solemnidades que le restan naturalidad y añaden artificio, homenajear de nuevo a Ganivet si, como parece ser el caso, lo era por la familia de nuevos ganivetistas y a través de sus nuevos planteamientos.
Aproximando el centro y eje de esta renovadora visión al conjunto de la obra ganivetiana, mediante el análisis de su noción axial, la modernidad, el artículo de Jesús Torrecilla (Universidad de Los Ángeles) intenta centrar un debate que, en opinión suya, podía haber sido objeto de forzamientos o exageraciones. Y abonando esta perspectiva de la conexiones ganivetianas con el modernismo, figura el artículo de Richard A. Cardwell (Universidad de Nottingham), mientras que el sempiterno asunto del granadismo de nuestro autor ha despertado el interés de otro hispanista, Nelson R. Orringer (Universidad de Connecticut), y de Amelina Correa Ramón (Universidad de Nottingham), quien recuerda el «ganivetismo» a través de una tan interesante como efímera publicación granadina. Con este carácter general y tocante a un asunto que sólo parcialmente ha interesado de la personalidad literaria de Ganivet, su disperso pensamiento estético, nos llama la atención el artículo de José Manuel de Amo Sánchez-Fortún (Universidad de Almería); en tanto que Miguel Gallego Roca (Universidad de Almería) renueva el interés de la novelística a la luz de la actividad lectora de novela contemporánea europea de Ganivet, y Raúl Fernández Sánchez-Alarcos (Universidad de Grenoble) insiste a su vez y llama la atención sobre un aspecto esencial en la construcción novelesca de nuestro autor: la concepción ganivetiana de héroe entre las distintas posibilidades de lo heroico en el «fin de siglo». No podía faltar, en un autor cuya obra ha sido conocida y dada a la luz casi toda ella de forma póstuma y al cuidado de terceras personas, el capítulo correspondiente al descubrimiento de inéditos. Con independencia de su valor, ofrecemos hoy la descripción, a cargo de los profesores de la Universidad de Valladolid Ricardo de la Fuente Ballesteros y Luis Álvarez Castro, de un cartapacio de documentos custodiado en la Biblioteca Nacional de Madrid que, cuando menos, animará a futuros e hipotéticos investigadores a continuar la búsqueda de tan preciados materiales.
Rendimos, pues, humilde homenaje a un escritor que por encima de celebraciones y modas más o menos desafectas, nos ofrece una nueva oportunidad de revisar y difundir una obra recuperada bajo distinta perspectiva y, sobre todo, de hacernos convivir con un período de nuestra historia de la que aún somos deudores.
FERNANDO GARCÍA LARA (COORDINADOR) 
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