INSULA Juan Larrea: La invención del más allá. Número 586. Octubre 95
 
 

GABRIELE MORELLI /
DEL ULTRAÍSMO AL CREACIONISMO:
LOS POEMAS DE LARREA EN GRECIA



En una carta dirigida a Gerardo Diego, fechada el 12 de noviembre de 1919 (el mismo año en el que Larrea inicia su colaboración en las revistas Cervantes y Grecia), el poeta aclara cuáles son sus ideas críticas, afirmando, con consciente lucidez y determinación, una serie de consideraciones y de juicios que se refieren in primis a esa parte de su propia producción surgida en la onda de los nacientes movimientos de vanguardia. En este sentido, la declaración programática ilumina desde el interior los presupuestos teóricos en los que se basaba por aquellos años Larrea, quien, respondiendo a la petición de su amigo Diego, indica tres distintos modelos y opciones poéticas compatibles con su visión personal y con su propio «temperamento». El poeta manifiesta sus reservas acerca del valor de sus composiciones —por ejemplo, el poema «Nocturnos» publicado en Grecia— y de los posibles logros obtenidos y escribe (merece la pena reproducir su extensa declaración):

«Considero posibles (dentro de mi temperamento) tres clases principales de poemas: El poema puro, perfectamente creado, música, imagen múltiple [...], asociación de imágenes activas, delirio cordial, y en el que caben clasicismo, romanticismo y novecentismo procesales. En esta especie suprema el simbolismo y cuanto signifique cerebralismo es un parche poroso, disonante y molesto. Es éste el poema a que hoy aspiro y del que he recibido mensajes anunciándome la llegada. Este poema era también el que rudimentariamente y sin saberlo perseguía en épocas anteriores. Lo llamo el poema in (infinito, impreciso, ilimitado, etc., etc.). Luego el poema cúbico. Más imperfecto dentro de la escala pero no menos moderno. Es cuestión de intenciones. La técnica más complicada, hijo más de la visión, descoyuntado, anguloso, sorprendente. Es el que hasta la fecha he conseguido, a veces con mezcla de imágenes puras. En éste puede caber el simbolismo y de hecho más o menos cúbicamente lo he empleado. Este simbolismo debe ser también un poco cúbico nunca a la vieja usanza. Y por último al pie de la escala, el poema descriptivo por el que se afanan hasta el presente los ultraístas [...]. Entre mis poemas no hay ejemplo completo de in. Trozos en “Diluvio”, “Cosmopolitano”, “Estanque”, etc., que en realidad en “Sed” se agrupan alrededor del cubo. Del tercero sería un buen ejemplo el nocturno “La noche ha abierto su paraguas” si no le impurificaran residuos anteriores» (1).

El último de los poemas citados por Larrea, publicado el 30 de septiembre de 1919 en el número 28 de Grecia, donde ya Larrea había colaborado con otros seis poemas, nos permite examinar, como expresión del nuevo gusto, dividido en el verano de 1919 entre la estética ultraísta y la creacionista (2), la experiencia poética de nuestro autor, limitándola a la colaboración en la revista sevillana, que acoge los tímidos anhelos del Ultra nacional.

También porque en la citada correspondencia con Diego encontramos precisas referencias a la labor de renovación llevada a cabo por Grecia, al inicio incierta o simplemente de ruptura y por ello, en opinión de nuestro poema, totalmente incapaz de obtener resultados inmediatos, pero en cualquier caso merecedora de ser apoyada y enriquecida por el grupo de los mejores, al que él, junto a Diego, cree pertenecer. Escuchemos al autor en su carta del 31 de mayo de 1919:

«Recibí los números de Grecia. Dos cuartas partes de poeta. Ni me desilusionaron ni me extrañaron. Algo sí esperaba. Buena orientación pero positivamente cero. En realidad su labor es negativa, es la dinamita que derruye sin pararse a construir. Otros luego edificarán. ¿Por qué no hemos de ser nosotros? La ciudad nueva nos espera; planeemos sus calles, pero jamás en línea recta, sino en curvas graciosas y sorprendentes» (3).

«Huidobro en línea recta»

La relación establecida por Larrea con la revista es profunda y, aunque limitada en su mayor parte al año 1919 (año crucial para el nacimiento de la nueva sensibilidad), se traduce en la publicación de doce composiciones. Ligadas en gran parte al taller de la vanguardia nacional, pero no exentas de reminiscencias del pasado, muestran en diversos puntos el pasaje de la concepción ultraísta a la creacionista, directamente ligada a la poesía de Huidobro, frente a la que Larrea muestra una mayor implicación emotiva, debida a una tensión dramática más acentuada. Siempre en la correspondencia con Diego de junio de 1919 el poeta, condicionado quizá por el momento de desaliento y desorientación que está atravesando, declara que «lo que he hecho arranca de Huidobro en línea recta», y además que «A Huidobro lo comprendo tan perfectamente que a veces me parece anticuado» (4); pero al mismo tiempo escribe que siente la necesidad de «hacer aún mucho más», a pesar de sentir algunas dudas sobre sus posibles resultados. Lo específico que ve en el postulado creacionista de Huidobro es la tendencia a afirmar una poesía eminentemente plástica e intelectual, mientras que su labor se orienta sobre todo a la conquista de elementos de carácter metarreal y visionario.

Que Huidobro es el numen tutelar al que Larrea, junto a Diego, mira con interés en aquel momento, es un dato ampliamente demostrado por la crítica; la cual se sirve, de hecho, de las repetidas manifestaciones de fe del poeta respecto a la obra del maestro para demostrar su dependencia respecto a éste. Además, el propio Larrea declara que lee con avidez los libros del teórico chileno publicados en España. Este hecho emerge también de otra de las cartas del epistolario a Diego, donde Larrea confiesa cándidamente: «[Cansinos-Asséns] Me ha prestado Ecuatorial y Horizon Carré»; y más adelante: «No te escribo más porque voy a copiar los libros de Huidobro para devolvérselos enseguida» (5).

En cualquier caso, la primera de las composiciones de Larrea (Grecia, núm. 19, 20 de junio de 1919), acogida con favor por Cansinos-Asséns y que lleva el título «Nocturno T.S.H.» (la sigla se refiere a «Teléfonos sin hilos»), constituye un típico ejemplo de temática simbolista, pero basada en un vocabulario técnico-científico y deportivo de evidente cuño ultraísta en el que, como señala García de la Concha parafraseando los versos finales del poema, «Las palomas mensajeras del modernismo caen abatidas o se enredan en los nuevos invisibles cables» (6). En realidad, en el fondo brumoso del paisaje nocturno cantado por el poeta, éste dialoga con la estrella lejana utilizando el lenguaje del alfabetomorse, que reproduce gráficamente, mientras la vastedad del espacio se ve acompañada por cantos y sonidos exóticos tendidos como un puente entre Europa y América: «América / silba en inglés un cake walk»; «América y Europa cantan a dúo». Como puede observarse, el intimismo del motivo tradicional aparece superadopor una visión que inaugura un nuevo hábitat del espacio atmosférico.

La segunda composición, «?» (Grecia, núm. 21, 10 de julio de 1919), aparece firmada por Aurelio Tristán, que evidentemente recuerda el conocido seudónimo de Ramón Gómez de la Serna en la revista Prometeo; la citada composición anticipa ya desde el título una serie de preguntas retóricas no exentas de sentimentalismo lírico, mientras imágenes de cuño ultraísta, pero también de filiación creacionista, empiezan a aparecer por primera vez. Significativo es el segundo «Nocturno» (Grecia, núm. 23, 30 de julio de 1919), teñido de la presencia del yo nostálgico y apasionado («pero mi corazón se sobresalta»), mas a pesar de ello dispuesto a manifestarse mediante un irracionalismo muy sugestivo. Muchos versos, aparentemente descriptivos, indican ya, aunque de modo incierto, una nueva concepción espiritual y visionaria coherente con el cosmos poético de Larrea; versos como estos: «Campanas, campanas. / Por el cielo pasa el viático. / Alguien va a morir»; o «y he quedado tan desnudo que / la luna me vuelve la espalda»; donde, en el primer caso, limitándonos a la presencia del pronombre indefinido «alguien» podemos señalar cómo tal término aparece con insistencia en el léxico huidobriano. Prefigurando una análoga atmósfera enigmática y religiosa de espera o de trágico anuncio, «alguien» se encuentra en otros versos de esta primera producción de Larrea; por ejemplo, en el poema «Express» (Grecia, núm. 26, 30 de julio de 1919), que reza: «En todas las ciudades / a la misma hora / alguien nos espera», y de igual modo vuelve en la composición sucesiva «Faro» (Grecia, núm. 45, 1 de julio de 1920), que encierra figuras e imágenes de concepción ultraísta y creacionista: «Alguien muere estrangulado por su sombra.» En este cotejo de la mediación ultraísta y huidobriana, el íncipit del caligrama cubista «Sed» (Grecia, núm. 24, 10 de agosto de 1919): «Un grito después - degollará el / crepúsculo», recuerda el verso del poema «Aeroplano» del poeta chileno, publicado precedentemente siempre en Grecia (núm. 20, 30 de junio de 1919), que dice: «Un grito perfora las ventanas.» Acerca del título, «Sed», el poeta nos ilustra su posible significado: «¿Emoción de la sed de lo infinito?», se pregunta; mientras a propósito del contenido, que el autor considera de carácter ultraísta, añade: «El poema, tan esquemático, tan sintético, no me parece nada vulgar. Se proyecta a la tercera persona o dimensión cúbica, donde el contenido sentimental y su expresión material se aúnan hasta confundirse en una sola cosa. Yo diría que es quizás el poema más perso-nal y hondamente original de los que compuse entonces, y quizás de cuantos publicó el ultraísmo» (7).

De los doce poemas aparecidos en la revista sevillana sólo cuatro («Evasión», «Esfinge», «Diluvio», «Otoño») se recogen, con leves variantes, en la edición italiana de Versión celeste (8). Sobre el poema «Evasión» nos aclara el poeta en el Prólogo que «En él la subsiguiente trayectoria existencial del autor se halla prefigurada en términos y pormenores subjetivos y objetivos que hoy lo desindividualizan —y quizá no sólo a él— ineludiblemente.» También el «Nocturno VI. Improntu al grillo» (Grecia, núm. 25, 20 de agosto de 1919), recuerda la composición «San Juan. Poema sinfónico al modo wagneriano», de Diego, en la que éste advierte una posible influencia, opinión no compartida por Larrea y efectivamente poco probable, de una de las composiciones (quizá la VI) de Pastorales de Juan Ramón Jiménez. «Sobre el “Improntu al grillo” —precisa Larrea en su carta del 15 de septiembre de 1919— no sólo no recordaba el tuyo de Juan R. que me transcribes sino que aún ahora juraría haberlo pasado por alto en mi lectura de Pastorales

Exploración mística

El nuevo lenguaje creacionista de Larrea, como hemos señalado, pasa a través de la lectura de Huidobro, de lo cual pueden ofrecerse otros ejemplos que documentan la filiación huidobriana de estas pruebas del poeta en Grecia; como la presencia de los temas marinos de la navegación y del naufragio, de la que pueden leerse en la composición «Faro» —por limitarnos a algún ejemplo textual— los versos: «Campanario náufrago un cimbel / Un velero de tres palos / bogaba en aguas de Israel.» Mientras que en «Nocturnos» (Grecia, núm. 25, 30 de septiembre de 1919) subrayamos el uso metafórico del verbo «picotear» en los versos: «Los pájaros de la lluvia /picotean los trigos de los charcos», muy cercanos a los del poema «Lluvia», pertenecientes al libro Ecuatorial (1918) de Huidobro, que rezan: «Una manzana y una estrella / Picotean los búhos», teniendo en cuenta además el idéntico paisaje nocturno y el motivo de la lluvia, en el chileno exhibido ya en el título. La fuerza explosiva de los versos de Huidobro llega hasta el conocido libro Veinte poemas de amor... de Neruda, donde leemos: «Los pájaros nocturnos picotean las primeras estrellas» (poema 20); versos que influyen más tarde en el malagueño José María Hinojosa, neófito de la vanguardia parisina, quien en «N» (La rosa de los vientos, 1926) escribe: «Para picotear sobre mi fría palma / bajan aleteando las estrellas.» Como puede verse, el proceso de interrelación e intercambios textuales que liga a muchos autores de los años veinte es relevante y sin duda, cuando se estudie con mayor atención, mostrará claramente, como hace tiempo sostenemos, la gran importancia y la intensa influencia ejercida por la obra de Huidobro en la vanguardia española e hispanoamericana. En cualquier caso, para limitarnos al examen de los materiales de Larrea en la revista Grecia, en los que el paso de la imagen ultraísta a la creacionista aparece de forma evidente, podemos advertir el intento por parte de nuestro autor de crear una poesía con mayor solidez y unidad; una poesía que supera instintivamente, gracias a un registro musical más intenso y a un clima más emotivo, fruto de un proceso interior y secreto, el sentido fragmentario de las osadas e intelectualizadas imágenes típicas de la escritura creacionista. Pero aún más: respecto al amigo Diego y todavía más respecto al maestro Huidobro (véase el poema creacionista «Otoño», con su imagen final de «las alas rebeldes hacia arriba», típica de las figuras al revés prefiguradas por el chileno), Larrea afirma un mundo oscuro y misterioso, una condición interior de quiebra o desarraigo, que hace que el lector sea quien deba reconstruir y reorganizar los hilos de la trama de su visión poética. Una visión hacia la cual se orienta la exploración mística llevada a cabo por el poeta.

Para acabar, podemos recordar cómo «Evasión», primera composición de Larrea en Grecia y poema preludio de su libro Versión celeste, alude a partir de su imagen inicial («Acabo de desorbitar / al cíclope solar») al mito clásico de Ulises (9), pero, precisa el poeta, su imagen entronca con el conocido fotograma del corte del ojo en Le chien andalou de Buñuel y Dalí. Evasión, en definitiva, como ruptura del sistema; abolición del mundo externo a favor de una realidad trascendente y mística, hacia la que tenderá de ahora en adelante la gran aventura poética vivida en soledad por Juan Larrea.

G. M.—UNIVERSIDAD DE BÉRGAMO

(1)  Juan Larrea, Cartas a Gerardo Diego, 1916-1980, ed. de E. Cordero de Ciria y J. M. Díaz de Guereñu, San Sebastián, Universidad de Deusto, Mundaiz, 1986, pp. 110-111.

(2)  Ya señalada por V. García de la Concha, quien recupera seis poemas ofreciendo un breve pero acertado análisis final de ellos («Seis poemas recuperados de Juan Larrea», El País, 12 de octubre de 1980, p. 7).

(3)  Juan Larrea, Cartas a Gerardo Diego, op. cit., p. 87.

(4)  Ibíd., p. 91.

(5)  Ibídem.

(6)  «Seis poemas recuperados...», op. cit.

(7) R. Gurney, La poesía de Juan Larrea, Bilbao, Servicio Editorial Universidad del País Vasco, 1985, p. 116.

(8) J. Larrea, Versión celeste, ed. de V. Bodini, Turín, Einaudi, 1969.

(9) R. Gurney, op. cit., p. 81.

 
 
  Insula: revista de letras y ciencias humanas